
Maximiliano Santillán

En el fondo del mar hay una casa de cristal. A una avenida de madréporas da. Un gran pez de oro, a las cinco, me viene a saludar. Me trae un rojo ramo de flores de coral. Duermo en una cama un poco más azul que el mar. Un pulpo me hace guiños a través del cristal. En el bosque verde que me circunda -din don... din dan- se balancean y cantan las sirenas de nácar verdemar. Y sobre mi cabeza arden, en el crepúsculo, las erizadas puntas del mar.

Dientes de flores, cofia de rocío,manos de hierbas, tú, nodriza fina,tenme prestas las sábanas terrosasy el edredón de musgos escardados.
Voy a dormir, nodriza mía, acuéstame.Ponme una lámpara a la cabecera;una constelación, la que te guste;todas son buenas, bájala un poquito.
Déjame sola: oyes romper los brotes...te acuna un pie celeste desde arribay un pájaro te traza unos compases
para que olvides... Gracias... Ah, un encargo:si él llama nuevamente por teléfonole dices que no insista, que he salido.
(A. Storni)